Tanto en la entrevista a Néstor Garcia Canclini,
como en el relato de Chimamanda Adichie y en la información sobre la llamada
Ley de Medios, se destaca la importancia de dos desiguales polos productores de
información: el primero, apoderado de los principales medios de comunicación y
producciones culturales a través de monopolios, y en consecuencia dueños de las
historias que los mismos relatan, produciendo, en palabras de Adichie “una
única historia”; y el segundo, con menor incidencia y relevancia a nivel
mundial, como lo son las producciones mediáticas y culturales independientes,
que por lo general brindan la “otra historia” (aquella que los grandes medios
no difunden por falta de redituabilidad) y que conforman la pluralidad de
realidades que conforman un relato, un lugar, una noticia.
Debido a esto, es de suma importancia destacar
la gran incidencia que tienen los grandes monopolios de tv, radio, prensa
escrita y televisión al momento de formar ideologías y modos de pensar, ya que
es a partir de estos productos culturales que los pensamientos tanto
individuales como colectivos se van construyendo a lo largo de la historia,
abrasando contra aquellos pueblos más pequeños que no poseen tal fuerza en sus
emisiones como para sobreponerse a las
historias oficiales que son difundidas alrededor del globo, debiendo hacer
esfuerzos sobrehumanos para que sus relatos sean escuchados. A partir de esta
controversia es que se plantea la nueva Ley de Servicios de Comunicación
Audiovisual en nuestro país, que entre otros puntos, limita la monopolización
de las voces mediáticas a cargo de grandes grupos económicos y permite la pluralización
y diversificación de opiniones en prensa escrita, radio y televisión que sean
capaces de relatar el otro lado de esa historia única, con producciones
culturales locales y autóctonas, sin la intromisión en demasía del mercado en
la difusión de la información.
Sumada a esta única historia televisiva, radial
y gráfica tradicional, en las últimas décadas se desarrolló a pasos agigantados
la circulación de esta misma información a través de Internet, que de la mano
de la globalización llega a los más recónditos lugares del mundo. Entonces, se
podría suponer que con este medio sería posible el intercambio mediático plural
desde y hacia todos los puntos del mundo, pero de lo contrario y como expone
García Canclini, Internet también ha sido objeto de los monopolios de la mano
de Google Inc., grupo aún mayor que las grandes cadenas televisivas y
productoras discográficas que antes dominaban los bienes culturales masivos, y
que se prevé que de seguir con la apropiación de productos intelectuales con el
supuesto objetivo de favorecer su difusión, podría llegar a restringir el
acceso a dichos bienes.
A modo de conclusión, entonces podríamos decir
que la progresiva monopolización de la información y la inmiscuición del
mercado en la cultura desde la literatura hasta Internet, han provocado que
aquellos puntos de vista regionales netamente intelectuales, se hayan visto
sosegados e imposibilitados de difundir sus historias. Esto es en cierto grado reversible
mediante legislaciones que limiten dicha monopolización, con la concientización
por parte de la misma población y a través de la iniciativa regional para
producir y difundir bienes culturales autóctonos y reales de modo que no se
produzca una aculturación objeto del capitalismo multinacional manipulador de
los medios y difusor de una única historia.