martes, mayo 04, 2010

Nuestros actos.


Nunca me vestí de dama antigua, no se por qué, pocas veces recuerdo haber actuado en actos como de un 25 de mayo o un 9 de julio, pero sí recuerdo una foto donde aparezco sentada, con un pañuelo rojo en mi cabeza y con la cara manchada de marrón-el conocido “corcho quemado”-´, de eso sí me acuerdo: mi mamá me pintaba la cara con un corcho quemado, y me hacía doler un poco. Mi actuación consistía en decir un par de versos mientras sostenía unas velas atadas a un palo de escoba, sobre mi nuca. Mis compañeros hacían cosas similares: vender pastelitos, empanadas.
De cuando no salía en los actos, sí me acuerdo: nos hacían sentar al costado del escenario porque éramos los más chiquitos, nos parábamos durante el himno (cantábamos uno solo) y la entrada y salida de banderas de ceremonia, y a la hora de cantar hacíamos mímicas cual director de orquesta sinfónica (no recuerdo que nos hayan retado por eso…).

Ahora, normalmente me pierdo la primer parte de los actos, tengo que esperar a que anuncien la entrada de las banderas para poder ver lo que ocurre en el octógono, y como normalmente los encargados de los actos se preocupan-pareciera-por el ahorro de minutos para los mismos, cuando termino de acompañar las banderas y me dirijo hacia el patio, ya es casi el final. Es decir, lo único que puedo atender en su totalidad son los himnos y los discursos de las autoridades escolares-con los que, según la fecha, estoy de acuerdo o no-.

Uno, cuando es más grande acepta lo que un acto le muestra, orgulloso se viste de Cristóbal Colón o de San Francisco Solano y representa el papel como el mejor, es feliz con tal de que mamá nos saque una foto y papá nos salude desde el público. Somos las estrellas.
De más grande, yo creo que es necesario tener otra mirada sobre las re-presentaciones de las fechas patrias, mirar y analizar detenidamente qué es lo que nos quieren decir y qué no nos están diciendo, y si estamos o no de acuerdo con eso. De ésta manera estamos teniendo una visión crítica sobre nuestra identidad y sobre qué significa para cada uno de nosotros, una fecha patria.

A la hora de hablar de estas fechas patrias, comúnmente nombramos al 9 de julio, 25 de mayo y 20 de junio, es decir, fechas en que nuestro país tuvo logros significativos; fechas felices. Reivindicando éstas, dejamos de lado aquellos sucesos no tan felices que también nos marcaron como pueblo y conforman nuestra identidad. A este listado de fechas convencionales, yo agregaría dos más, que una por ser festejada y otra por-muchas veces-ocultada, no suelen inculcarse en el inconciente colectivo como formadoras de identidad: el 12 de octubre de 1492 y el 24 de marzo de 1976.
A la primera, la estudiaría desde otro punto de vista, sin festejarlo sino conmemorando la matanza de nuestras raíces y a partir de esto tomar conciencia de cómo sucedieron realmente los hechos durante el famoso “Día de la raza”, donde se representa la “unión” de dos culturas antagónicas; cuando eso es lo último que se podría decir que sucedió.
La otra fecha, el 24 de marzo hace referencia al último y más sangriento golpe de Estado que sufrió nuestro país, el cual tuvo un saldo de 30.000 desaparecidos, presos políticos, torturados y asesinados por el Ejército militar, que fue le que tomó el poder por la fuerza, llamando a esta dictadura un “Proceso de Reorganización Nacional”.
Con respecto a sus re-presentaciones, yo creo que para fomentar una unidad nacional es necesario homogeneizarnos, pero no así eliminar hechos históricos y factores importantes para nuestra argentinidad, formando ciudadanos críticos y capaces de discernir entre lo que nos une y lo que nos divide como nación argentina.

No hay comentarios:

Publicar un comentario