Definitivamente, la comida ocupa un lugar fundamental en nuestras vidas (o por lo menos en la mía), sin ella no podríamos vivir. Biológica, psicológica y sentimentalmente hablando. Muchas personas canalizan angustias y deseos a través de las comidas, es decir, descargan energía comiendo, lo que a su vez les produce el placer de una necesidad satisfecha.
No somos lo que comemos, pero la comida sí determina nuestro estilo de vida y nuestra salud, o al revés. Muchas veces nos definimos por las comidas que consumimos, o qué preferencias tenemos con respecto a ella.
Particularmente con el asado tengo una relación poco cercana. Eso sí, me vuelvo loca con el olor a leña mezclado con el exquisito aroma a la carne, pero con relación poco cercana me refiero a que cada vez que como un asado, es un acontecimiento en mi vida. Primero, porque mi papá nunca fue un experto en hacerlo, y segundo porque luego de que mis padres se divorciaron, si bien mi mamá tuvo intentos de hacerlo, nunca tuvo mucho éxito. Sí, los asados siempre fueron esporádicos o consecuencia de un cumpleaños o algo que se le parezca. Y como se convertía en un acontecimiento generalmente de día domingo, siempre lo esperé con ansias durante todo el fin de semana, calculando los ingredientes perfectos que debe tener un asado dominguero, al mediodía o de noche.
No somos lo que comemos, pero la comida sí determina nuestro estilo de vida y nuestra salud, o al revés. Muchas veces nos definimos por las comidas que consumimos, o qué preferencias tenemos con respecto a ella.
Particularmente con el asado tengo una relación poco cercana. Eso sí, me vuelvo loca con el olor a leña mezclado con el exquisito aroma a la carne, pero con relación poco cercana me refiero a que cada vez que como un asado, es un acontecimiento en mi vida. Primero, porque mi papá nunca fue un experto en hacerlo, y segundo porque luego de que mis padres se divorciaron, si bien mi mamá tuvo intentos de hacerlo, nunca tuvo mucho éxito. Sí, los asados siempre fueron esporádicos o consecuencia de un cumpleaños o algo que se le parezca. Y como se convertía en un acontecimiento generalmente de día domingo, siempre lo esperé con ansias durante todo el fin de semana, calculando los ingredientes perfectos que debe tener un asado dominguero, al mediodía o de noche.
Uno de esos ingredientes, que hasta me animaría a decir que es fundamental en un asado, es la familia. No se comparan las charlas con primos y tíos con una costillita de por medio, o un pollo asado. Y una Coca. Por lo general no tomo mucha gaseosa, pero al lado del asado tiene que haber obligadamente un vaso de Coca para calmar la sed, y poder seguir comiendo. No importa si una ya está llena o no da más de tanta comida que ingirió. Si está rico, se sigue comiendo, cueste lo que cueste. Total, después se espera un ratito para que el estómago haga lugar y llegue el postre. Cuando mi mamá se esmera, lo que le sigue al asado es un suculento flan con crema y dulce de leche (que si se puede, se repite…). Todo esto sin hacernos mucho drama, ya que por último preparamos cantidades industriales de té de coca, el digestivo infalible. Después, mucha guitarra, bombo y alguno que otro que se hace el cantante pasan a ser los protagonistas de la escena. Hasta que salga el sol, o que la cama nos llame.
Reconozco que siendo Argentina, siento que debería comer aunque sea una costeleta asada todos los domingos, sentada en una mesa enorme llena de familiares y todo tipo de ensaladas, pero la verdad es que no lo hago. Ni me interesa hacerlo tampoco, prefiero mantenerlo en ese pedestal y que su llegada se convierta en un acontecimiento, esperarlo ansiosa y disfrutarlo aún más.
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